(o “a pocas horas de dejar de ser ‘veinteañero’ y pasar a ser ‘treintón’”)
“No me interesa lo que haces para ganarte la vida.
Quiero saber cuál es tu dolor, y si te atreves a soñar
que te permites encontrar lo que tu corazón añora.
(...)
No me interesa saber quién eres, ni cómo llegaste aquí.
Quiero saber si permanecerías conmigo en el centro del fuego
sin echarte para atrás.
No me interesa dónde has estudiado, ni qué has estudiado,
ni con quién lo has hecho.
Quiero saber qué es lo que te sostiene desde adentro
cuando todo lo demás falla.
Quieres saber si puedes estar sólo contigo mismo
y si te agrada verdaderamente la compañía que buscas
en los momentos vacíos.”
(Oriah Soñador de la Montaña
Anciano Indio
Mayo 1994
Citado por Francois Valleays
en el tríptico de “Hace tiempo que nunca...”
noche de cuentacuentos, 2000)
Hace tiempo que nunca.
Hace tiempo que vengo dando vueltas, no sólo a lo que he de escribir en este lugar que ya acumula polvo desde hace cuatro meses, sino a una serie de situaciones, lugares comunes y silencios. Hace tiempo que me siento atrapado o, mejor dicho, atascado en un momento sin espacio, en un lugar sin tiempo. Y como nunca, me he sentido llevado por la vorágine, me he sentido alejado de mí mismo. Incómodo conmigo mismo.
Pero, como dicen los carniceros, vayamos por partes. Que es lo que voy a tratar de hacer ahora.
Desde que me dieron más encargos aún en la oficina, además de los que ya tenía, he tenido una serie de meses en los que las metas eran cosa del día a día. Mejor dicho, los vencimientos, los deadlines. Por lo menos, durante tres meses tenía meta tras meta tras meta, copando mi tiempo en hacer lo urgente en vez de lo importante, llenándome de encargos que no siempre eran míos, pero en los que se requería mi opinión o experiencia. Trabajo de equipo, que le dicen, aunque creo que he estado algo más sobrecargado que el resto del equipo. Añadí dos destinos más luego de Paita: la misma Piura y luego Iquitos, la cálida ciudad de la selva. No puedo quejarme de la comida, definitivamente – tema que será tocado más adelante – pero me ha causado más de una noche de mal sueño o de ningún sueño, hasta quedar completamente agotado los fines de semana. En todo caso, algunos logros en estos campos han logrado una mayor consideración de mis jefes, pero ya me tocaba parar la mano... lo que de hecho, he hecho en la última semana. Al mejor estilo de los comics de PhD (Piled High and Beeper, un comic sobre la ¿vida? de un estudiante de doctorado, el cual ahora reside también en mi barra lateral), esta semana ha sido enteramente dedicada a la vieja y siempre cumplidora procrastinación. Y basta de trabajo por allí.
Con tan poco tiempo libre, obviamente las actividades en línea pasaron a segundo plano. Sin embargo, en los ratos en los que llegaba de la oficina aún hiperactivo, los libros han sido genial compañía. Temiendo olvidarme de alguno, en estos meses he leído o releído:
La trilogía de Fernando Ampuero sobre los oficios de la calle: Caramelo verde, Puta linda y Hasta que me orinen los perros.
Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa.
La trilogía de Stephenie Meyer sobre Bella y Edward, el vampiro: Crepúsculo, Luna nueva y Eclipse.
El Alquimista, El Peregrino de Compostela, Verónika decide morir, El Demonio y la Srta. Prim, Once minutos, todos ellos de Paulo Coelho.
Literatura real maravillosa: Dulce compañía y Hasta que nos falte el tiempo.
Dracula, de Bram Stocker, y El Inquisidor, de Patricio Sturlese.
Algunos ejemplares de chick-lit, o literatura femenina, como le conocen al género: Anyone Out There?, Love Trainer, Mr. Maybe, Don’t You Want Me? y The Other Side of the Story.
No recuerdo si esos son todos, pero son los que recuerdo de un primer plumazo. No menciono libros de cabecera como “El Principito”, “Juan Salvador Gaviota” y “Diario de un Guerrero de la Luz”, que releo constantemente.
La sección “Películas” tampoco ha estado tan mal. Más de una encerrona para ver dos pelis al hilo, o en el cine, en estos días. Desde “Kung Fu Panda” hasta “BlackJack”, pasando por “August Rush” y películas de archivo como “Amelié”, “El otro lado de la cama” y “Notting Hill”, estos meses han sido aprovechado por el cinéfilo que vive en mi. Por cierto, esta semana pienso reservar una butaca para mí en el Alcázar, para ver si alcanzo a ver las diez películas que quiero ver (y me cuadran, como horario universitario) en el Festival de Cine de Lima.
(Nota post-edición: ví siete de las diez películas al final. Me quedo con ‘El brindis’, ‘El acuarelista’ y ‘Radio Corazón’)
¿Qué más puedo decir? Me pegué nuevamente a muchas cosas que habían marcado mis "veintes". Los capítulos de la serie Dawson's Creek y otros libros de poemas recibidos (o escritos) durante esos primeros años de mi veintena. Cartas y recuerdos, correos electrónicos, canciones, una serie de cosas que me recordaban, que me recordaron, quién era hace diez años, qué era lo que quería y las cosas que veía del mundo y en mí, que me ayudaron a ver lo que había cambiado, lo que había permanecido y lo que se extravió en el camino de ése que fui, de ése que soy.Sin embargo, a pesar de todas estas actividades, estos meses han estado marcados por un constante sentirme atorado en el tiempo, atracado haciendo exactamente lo mismo día tras día, mes tras mes, y lo peor de todo sin saber por qué razón. Como que le había perdido un poco el gusto a mi trabajo, a llegar a casa y coger un DVD o un libro, o a llamar a alguien para salir. Preguntándome qué debería estar haciendo con mi vida en vez de hacer de ella una vuelta de Rueda de la Fortuna. Qué había hecho con mis propias metas, como arreglar mi mundo y mi persona (incluyendo las muchas X de más, como diría Darling). Qué había hecho con todo mi tiempo, mi salud, mis años de crecimiento.
Me asaltaban constantemente las dudas de si debería haberme ido ya a estudiar o, al menos, haber cambiado de trabajo. De si estaba haciendo nada, en realidad, quedándome en donde estoy y perdiendo oportunidades que tal vez nunca se repetirían. Mis dorados 20 años y toda esa década. A menos de un mes para dejar de ser veinteañero y pasar a ser treintón, las preguntas del “quién soy” y “qué estoy haciendo aquí” se han repetido constantemente, no sólo con relación a mi empleo, sino a mi lugar en la familia, a mi permanencia en el Perú y a otras tantas etiquetas que usamos sin querer queriendo para definir y definirnos.
Hace tiempo que no me había sentido tan “nunca”.
Sin embargo, hace poco recordé, de diversas formas, cosas que podría sintetizar en el texto que está al inicio de este escrito. Y recordé que lo que soy no sólo se define por mis estudios, mi trabajo, mis logros académicos ni mi lugar en el mundo. Soy más. Soy persona, soy amor, soy hijo, soy hermano, soy tío, soy compañero, soy amigo, soy ideas, soy sueños. Sobre todo sueños.
A pocas horas de cambiar de base, he decidido reconciliarme conmigo mismo. Darme más tiempo, sea lo que eso signifique. Balancear mejor mis distintas personas y sobre todo, mantener vivo al niño que vive en mí más allá de todas las corbatas y los estados de cuenta.
Hay un mundo más allá que me espera pero, sobre todo, hay un mundo dentro de mí que quiero hoy abrazar con todas mis fuerzas.
~ El Doc
P.D. Por muchas, muchas razones, ésta va aquí hoy.--------------------------------------------ALEGRÍA(Cirque du Soleil)--------------------------------------------Alegría
Come un lampo di vita
Alegría
Come un pazzo gridare
Alegría
Del delittuoso grido
Bella ruggente pena, seren
Come la rabbia di amar
Alegría
Come un assalto di gioia
Alegría
I see a spark of life shining
Alegría
I hear a young minstrel sing
Alegría
Beautiful roaring scream
of joy and sorrow,
so extreme
There is a love in me raging
Alegría
A joyous, magical feeling
Alegría
Come un lampo di vita
Alegría
Come un pazzo gridare
Alegría
Del delittuoso grido
Bella ruggente pena, seren
Come la rabbia di amar
Alegría
Come un assalto di gioia
Del delittuoso grido
Bella ruggente pena, seren
Come la rabbia di amar
Alegría
Come un assalto di gioia
Alegría
Como la luz de la vida
Alegría
Como un payaso que grita
Alegría
Del estupendo grito
De la tristeza loca
Serena,
Como la rabia de amar
Alegría
Como un asalto de felicidad
Del estupendo grito
De la tristeza loca
Serena,
Como la rabia de amar
Alegría
Como un asalto de felicidad
There is a love in me raging
Alegría
A joyous, magical feeling...
Etiquetas: Journal, noticias, reflexiones